ES VIABLE UNA NUEVA PANDEMIA???

Diversos medios internacionales y organismos sanitarios han vuelto a encender las alertas sobre el riesgo de una futura pandemia. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que, aunque existen brotes preocupantes, no hay señales de una pandemia global inminente similar al COVID-19. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el mundo sigue vulnerable frente a nuevos virus, especialmente por el aumento de enfermedades zoonóticas y la debilidad de los sistemas sanitarios.

Al mismo tiempo, la OMS descartó recientemente que el brote de hantavirus detectado en un crucero internacional represente “el próximo COVID”, debido a su baja capacidad de transmisión entre humanos. Expertos epidemiológicos sostienen que el riesgo pandémico actual es bajo porque el virus requiere condiciones muy específicas para propagarse.

La pandemia que aún no existe, pero ya condiciona al mundo.

La humanidad vive atrapada entre dos extremos: el miedo permanente y la desmemoria colectiva. Apenas seis años después del trauma global provocado por el COVID-19, el planeta vuelve a escuchar palabras que parecían archivadas en la historia reciente: “virus emergente”, “alerta sanitaria”, “enfermedad X” y “riesgo pandémico”.

Los titulares reaparecen. El hantavirus en un crucero internacional, el rebrote de ébola en África y las advertencias de la OMS han vuelto a instalar la sensación de incertidumbre. Pero detrás del ruido mediático existe una realidad más compleja: hoy el mundo no enfrenta necesariamente una nueva pandemia, sino algo quizá más peligroso, una sociedad agotada y menos preparada para reaccionar.

La Organización Mundial de la Salud ha sido clara. Los riesgos existen y son reales. El cambio climático, la destrucción de ecosistemas y la creciente interacción entre humanos y fauna silvestre aumentan la posibilidad de que nuevos virus crucen la barrera animal y lleguen a las personas. Los expertos incluso hablan de miles de patógenos desconocidos con potencial infeccioso.

Sin embargo, otra parte del debate ha sido secuestrada por la exageración y las teorías conspirativas. El reciente brote de hantavirus despertó temores globales, pero la propia OMS descartó que exista un escenario comparable al coronavirus. La razón es simple: el virus posee una transmisibilidad limitada y no presenta, por ahora, la capacidad de expansión masiva que sí tuvo el SARS-CoV-2.

Entonces, ¿es viable una nueva pandemia? La respuesta científica es sí. La respuesta inmediata es no necesariamente ahora.

Las pandemias no dependen únicamente de la existencia de un virus peligroso. También necesitan movilidad global, falta de control sanitario, desinformación y debilidad institucional. Y precisamente allí aparece el mayor problema contemporáneo: muchos gobiernos aprendieron poco de la última crisis. Las inversiones en prevención disminuyen, la cooperación internacional se fractura y la confianza ciudadana en las instituciones sanitarias continúa deteriorándose.

Paradójicamente, el mayor riesgo quizá no sea el próximo virus, sino la reacción política y social frente a él. Hoy las redes sociales pueden convertir cualquier brote aislado en una histeria colectiva global en cuestión de horas. La desinformación viaja más rápido que los protocolos médicos. Y mientras la ciencia pide prudencia, sectores políticos y mediáticos descubren en el miedo una herramienta de control, polarización y rentabilidad.

El mundo actual no vive únicamente bajo amenaza biológica. Vive bajo amenaza psicológica.

Por eso, más que preguntarnos si viene otra pandemia, la verdadera pregunta debería ser: ¿estamos preparados para enfrentarla sin destruir nuevamente la estabilidad económica, la convivencia social y la salud mental colectiva?

La ciencia todavía tiene respuestas. El problema es que la sociedad parece haber perdido la paciencia para escucharlas.