ESTRATEGIA NACIONAL DE INTELIGENCA ARTIFICIAL (ENIA 2026-2030). PERU ENTRA EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: OPORTUNIDAD HISTÓRICA O NUEVA BRECHA DIGITAL

Mientras gran parte del debate político peruano sigue atrapado entre la inseguridad ciudadana, la crisis institucional y la confrontación electoral, una transformación silenciosa está avanzando con enorme velocidad: la inteligencia artificial (IA). Y esta vez no se trata de una tendencia pasajera ni de una moda tecnológica importada. El Gobierno peruano aprobó oficialmente la nueva Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) 2026-2030, una hoja de ruta que busca ordenar, regular y expandir el uso de esta tecnología en el Estado, las empresas y la sociedad.

La noticia es una de las más relevantes del ecosistema tecnológico peruano en los últimos meses porque marca el inicio de una nueva etapa de transformación digital. La estrategia plantea que la IA sea utilizada bajo criterios de seguridad, ética, inclusión y competitividad, con el objetivo de mejorar servicios públicos, fortalecer capacidades humanas y aumentar la productividad nacional.

Sin embargo, detrás de los anuncios oficiales aparece una pregunta mucho más profunda: ¿está realmente preparado el Perú para una revolución tecnológica de esta magnitud?

La respuesta no es sencilla. Por un lado, el país muestra avances importantes. La inteligencia artificial ya se encuentra presente en sectores como banca, telecomunicaciones, salud, educación y administración pública. Incluso pequeñas tareas cotidianas, desde sistemas biométricos hasta asistentes virtuales, ya utilizan algoritmos de IA sin que muchos ciudadanos lo perciban.

Pero al mismo tiempo existe una realidad preocupante. La brecha digital entre grandes empresas y pequeñas unidades productivas continúa ampliándose. Mientras corporaciones y entidades estatales comienzan a incorporar sistemas avanzados de automatización, miles de micro y pequeñas empresas aún enfrentan dificultades básicas de conectividad, capacitación tecnológica y acceso a infraestructura digital.

El problema no es únicamente económico. También es estratégico.

Las grandes potencias tecnológicas están librando una nueva competencia global basada en datos, inteligencia artificial y ciberseguridad. En ese contexto, el Perú enfrenta un escenario especialmente vulnerable. Diversos reportes advierten un incremento significativo de los intentos de ciberataques contra empresas e instituciones nacionales, mientras los sistemas digitales se vuelven cada vez más complejos y dependientes de la automatización.

Aquí aparece la gran paradoja peruana. El país quiere digitalizarse rápidamente, pero todavía arrastra enormes debilidades estructurales en educación tecnológica, investigación científica y protección de infraestructura digital. La IA promete eficiencia, pero también puede profundizar desigualdades si solo beneficia a quienes ya poseen recursos, conocimiento y conectividad.

La verdadera discusión no debería centrarse únicamente en cuántas herramientas de inteligencia artificial se implementarán, sino en quiénes podrán aprovecharlas y quiénes quedarán rezagados.

La historia económica demuestra que cada revolución tecnológica genera ganadores y perdedores. La diferencia radica en la capacidad de los Estados para anticipar los cambios y preparar a su población. Si la ENIA se convierte únicamente en un documento técnico, el Perú podría ampliar aún más sus brechas territoriales y sociales. Pero si logra traducirse en capacitación masiva, innovación regional, fortalecimiento universitario y desarrollo de talento digital, podría convertirse en uno de los proyectos de modernización más importantes de las últimas décadas.

La inteligencia artificial ya no pertenece al futuro. Está redefiniendo economías, gobiernos y sociedades en tiempo real. La pregunta ya no es si el Perú ingresará a esta nueva era tecnológica. La pregunta es si lo hará como protagonista de la transformación o simplemente como consumidor de tecnologías desarrolladas por otros.