EL NOVENO RETIRO Y UNA PREGUNTA INCÓMODA: ¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO CON LA JUBILACIÓN?

Hay declaraciones económicas que pasan rápidamente por las noticias del día y otras que obligan a mirar un problema mucho más profundo. Este viernes, el presidente del Banco Central de Reserva del Perú, Julio Velarde, volvió a colocar sobre la mesa una discusión que el país conoce desde la pandemia: ¿hasta dónde puede llegar el retiro de los fondos destinados a la jubilación?

Su respuesta fue contundente. Al referirse al nuevo proyecto que plantea un noveno retiro de los fondos de las AFP, Velarde lo calificó de “irresponsabilidad completa” y sostuvo que los países cuentan con sistemas destinados a financiar las pensiones de sus ciudadanos. Su preocupación central no parece estar solamente en el dinero que saldría hoy de las AFP, sino en lo que ocurrirá mañana con quienes lleguen a la vejez con poco o ningún ahorro previsional.

Y aquí aparece la verdadera dimensión del debate.

Ocho retiros ya dejaron una huella

El Perú no está discutiendo el primer retiro. Tampoco el segundo o el tercero. De acuerdo con el Reporte de Inflación de marzo de 2026 del BCRP, entre 2020 y 2025 se autorizaron ocho procesos extraordinarios de retiro de fondos de pensiones, cuyo monto acumulado llegó aproximadamente a S/140 mil millones, equivalente a alrededor del 13 % del PBI. El propio Banco Central señala que estos retiros redujeron el ahorro previsional de largo plazo y afectaron de manera persistente la profundidad y composición del mercado de capitales peruano.

La SBS ya había advertido sobre una consecuencia esencial: retirar hoy una parte del fondo significa reducir el horizonte de ahorro para la jubilación. En sus evaluaciones, la Superintendencia ha señalado que los retiros extraordinarios han disminuido el ahorro jubilatorio y, por esa vía, pueden traducirse en menores pensiones futuras.

Pero hay otro dato que no debería perderse de vista.

La SBS informó en octubre de 2025 que, como consecuencia de los siete retiros aprobados hasta ese momento, la participación de los fondos de pensiones respecto del PBI había caído desde casi 25 % en 2019 hasta 10,3 % en 2025.

Es decir, el debate ya no consiste únicamente en si un ciudadano tiene derecho a disponer de su dinero. También involucra cuánto ahorro de largo plazo conserva el país para financiar jubilaciones, empresas, bonos y proyectos de inversión.

¿Qué propone realmente el noveno retiro?

Aquí conviene tener cuidado con algunas cifras que circulan en redes sociales.

El proyecto presentado por la diputada Catherin Palomino, de Juntos por el Perú, propone un retiro voluntario y progresivo de los fondos acumulados en las AFP frente a un eventual escenario de dificultades económicas asociado, entre otros factores, a los efectos del fenómeno El Niño. Sin embargo, la información disponible sobre la iniciativa indica que todavía no establece un monto máximo de retiro. Por ello, no corresponde afirmar que el proyecto actual permita automáticamente retirar cuatro UIT o una determinada cantidad de soles.

Este detalle es fundamental.

El antecedente inmediato fue la Ley N.° 32445, que autorizó en 2025 un octavo retiro extraordinario de hasta cuatro UIT. Para las solicitudes realizadas durante 2026, con una UIT de S/5.500, el límite llegó a S/22.000. Ese procedimiento culminó en enero de este año.

El nuevo proyecto, por tanto, apenas inicia su recorrido legislativo. No es un retiro aprobado ni un dinero que los afiliados puedan solicitar actualmente.

El argumento de Velarde tiene una segunda parte

La preocupación del presidente del BCR no aparece aislada.

El Banco Central ha estudiado específicamente los efectos de los retiros previsionales sobre el mercado de capitales peruano. Según su análisis, las AFP habían tenido un papel relevante como inversionistas de largo plazo en bonos soberanos y deuda corporativa. La reducción abrupta de los fondos administrados disminuyó esa capacidad de inversión y obligó a las AFP a liquidar posiciones para atender los desembolsos.

Esto importa porque un fondo de pensiones no funciona únicamente como una cuenta individual guardada en una caja fuerte. Forma parte del sistema financiero y de los mecanismos mediante los cuales el ahorro se transforma en financiamiento para empresas y para el propio Estado.

Cuando ese ahorro disminuye considerablemente, cambia también la estructura del mercado de capitales.

Eso no significa que cada retiro produzca automáticamente una crisis financiera. De hecho, la propia experiencia de 2020 mostró que el sistema financiero pudo procesar los primeros desembolsos mediante mecanismos de liquidez y venta ordenada de activos.

La discusión, por tanto, es más compleja: se trata de medir el beneficio inmediato para el afiliado frente al costo previsional y financiero que puede acumularse con sucesivos retiros.

La paradoja del 18 de septiembre

Y aquí aparece una curiosa coincidencia en la presentación del BCRP.

Mientras Velarde cuestionaba el noveno retiro, el Banco Central elevaba su estimación de crecimiento de la inversión privada para 2026 de 12,5 % a 14 %. Para 2027, la proyección también fue elevada, de 6 % a 8,5 %.

La revisión se produjo pese a que el BCRP redujo su proyección de crecimiento del PBI peruano para 2026 de 3,4 % a 3,2 %, principalmente por un mayor impacto esperado del fenómeno El Niño. Para 2027, la estimación pasó de 3,2 % a 3 %.

¿Cómo pueden convivir ambas cosas?

Porque crecimiento económico e inversión privada no son exactamente lo mismo. Una economía puede enfrentar restricciones productivas o impactos climáticos y, al mismo tiempo, registrar una fuerte expansión de la inversión empresarial.

Velarde explicó que la inversión privada había crecido 15,5 % durante el primer semestre, mientras que otros indicadores de demanda interna también mostraban un comportamiento favorable. El BCRP, por ello, considera que existe un dinamismo importante en la inversión, aun cuando mantiene riesgos sobre la actividad económica.

La cifra del 14 % no significa que el Perú crecerá 14 %. Significa que la inversión privada, uno de los componentes de la demanda y de la capacidad productiva futura, tendría ese crecimiento anual estimado.

El verdadero debate no debería ser “AFP sí o AFP no”

Quizá el problema de fondo sea que Perú ha convertido la discusión previsional en una sucesión de retiros extraordinarios.

Los primeros estuvieron vinculados a una situación excepcional: la pandemia. Posteriormente llegaron nuevas autorizaciones y el mecanismo terminó convirtiéndose en una herramienta recurrente de política económica y social.

La SBS ha documentado que los retiros redujeron el ahorro destinado a la jubilación. El BCRP, por su parte, ha advertido sobre sus efectos en el mercado de capitales. Pero también existe una realidad social que no puede ignorarse: millones de personas enfrentan ingresos insuficientes, informalidad laboral, endeudamiento y dificultades para cubrir necesidades presentes.

Por eso, el debate serio no debería reducirse a defender ciegamente un sistema o justificar automáticamente otro retiro.

La pregunta más importante es otra:

¿Qué sistema previsional queremos que tenga el Perú dentro de 20, 30 o 40 años?

Si cada dificultad económica se resuelve utilizando una parte del ahorro destinado a la vejez, el problema inmediato puede encontrar una salida, pero la sociedad acumula una factura previsional que alguien tendrá que enfrentar posteriormente.

Y si, por el contrario, se pretende preservar el ahorro previsional sin reformar sus problemas de cobertura, informalidad, bajas pensiones y falta de confianza ciudadana, también se corre el riesgo de mantener un sistema que muchos trabajadores consideran insuficiente.

La discusión, entonces, no debería quedarse en el noveno retiro.

Debería comenzar por una pregunta mucho más incómoda: ¿cómo garantizar que un trabajador peruano pueda llegar a la vejez sin tener que elegir entre sobrevivir hoy o tener una pensión mañana?

Mientras esa pregunta siga sin respuesta, los retiros de AFP probablemente continuarán apareciendo como una salida rápida cada vez que el país atraviese una nueva dificultad económica.

Y ese es, precisamente, el problema que las cifras de hoy obligan a mirar más allá del titular.